De lanzada con Juanpis González

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Por: Juliana Arévalo

Desde que supe que el lanzamiento de El Observador, el portal web en el que llevábamos trabajando por un año con otros compañeros de la Fundación Tiempo de Juego y otros colectivos de Soacha y el sur de Bogotá, iba a suceder en un Live Show de Juanpis González, se me ocurrió que ese día me vestiría como él.

Fue un martes. Llegué hacia las dos de la tarde al Teatro Fanny Mikey en Bogotá e ingresé antes que el público, pues en el colectivo de comunicaciones de la Fundación habíamos elegido quiénes estarían en el escenario. 

Fábrika, una agrupación musical que reúne a varios talentos de la Fundación, estaba preparándose, pues ellos serían los encargados de ambientar musicalmente el show.  Mientras tanto, Juanpis guiaba a las personas que estarían monitoreando todo. En ese momento subí al escenario y saludé, no a Juanpis González, el clasista, el gomelo, el bobo,  sino a a Alejandro Riaño, que sí es chévere. 

Todavía faltaba algún tiempo para empezar así que me puse a observar todo a mi alrededor, los cuadros mandados a hacer con el rostro del personaje más políticamente incorrecto, los muebles llenos de botellas de licor y en los camerinos un espejo inmenso con maquillaje y accesorios que utiliza el personaje cuando se alista.

Luego de aproximadamente una hora ingresó el público acompañado por el ritmo de Fábrika. Entre ellos, participantes, profesores, líderes, lideresas, colaboradores e invitados especiales. Emocionada, mantenía la espera mientras repetía las palabras que diría en minutos, acomodaba mi ropa y mantenía mi curiosidad tras el telón.

Cuando el show empezó Juanpis llamó al escenario a Andrés Wiesner, fundador de Tiempo de Juego, quien habló de la misión de la Fundación y el por qué construir comunidad a partir de la esperanza y la transformación a través del periodismo. 

Cristian Rojas, coordinador de los talleres de comunicaciones y periodismo de la Fundación, sería invitado por Juanpis Gonzales, él también estaba tras el telón, ansioso y contento por estar allí. La idea inicial de El Observador fue suya, de hecho empezó como un periódico impreso. Después, en los talleres de periodismo de la Fundación surgió la idea de hacer un portal web que permitiera narrar las historias de nuestro territorio, historias dignas de contar, que ayudaran a quitar ese estigma que tienen algunas zonas del país, como la nuestra. Por eso dijimos: nosotros veremos la realidad con otros ojos, con los nuestros. Hoy, a través de iniciativas como esta estamos mostrando el talento que hay en nuestra comunidad, además de recorrer el país con hechos e historias positivas. 

Yo participo en la Fundación desde hace dos años. Ahí he podido  descubrir mis habilidades para esto: narrar y escribir por las personas que no pueden ver lo que yo puedo contar, mostrar en un texto la realidad, colaborar para entender acontecimientos e informar, eso es lo que hacemos en el colectivo de comunicaciones.

Laura Díaz, gestora del taller de comunicaciones y periodismo, quien nos ha guiado en este proceso de forma consecuente, se encontraba junto a mi  tras el camerino. Ambas hablábamos acerca de la expectativa que teníamos, pues las dos vemos el programa de Juanpis y por eso la emoción  de estar allí, en el teatro, en su show en vivo.

Entonces fuimos llamadas al escenario. Cuando ingresamos me sentí muy contenta al ver a todo el público, personas que conocía, ya sea por El Observador o por otras actividades de Tiempo de Juego como danzas,  fútbol o  música. 

A él le dio mucha risa la forma como lo saludé, pues fue con un puñito, como saludan los parceros, los amigos. A él le pareció una “ñerada” de saludo, me molestó por eso y me dijo que le diera un abrazo. Fue muy divertido pero creo que no se dio cuenta de que yo iba vestida como él también por molestarlo, tampoco se lo dije, tal vez fueron los nervios. 

Ya sentada en su sofá de invitados le conté sobre el liderazgo en Cazucá, aquel que empodera a jóvenes y sobre todo a mujeres a seguir esta vía de la transformación a través del arte. En la escuela de Liderazgo de la Fundación he recibido las bases necesarias para abrir paso a la reconciliación y, desde hace unos meses, he aprendido y empezado a enseñarle lo que sé a otros que vienen detrás de mí. 

Entonces Juanpis nos preguntó cómo empezó todo y ahí le contamos que fue con el fútbol, esa fue la puerta que nos llevaría a construir nuestros propios proyectos de vida. Así fue como subieron al escenario los miembros del que hoy es un equipo de fútbol reconocido ante el instituto Distrital de Recreación y Deporte IDRD. Se llama Cazucá Fútbol Club y es liderado por David Osorio, director técnico, quien se ha capacitado desde hace varios años. Un gran líder en Cazucá que también empezó como participante de la Fundación y cuyo sueño siempre fue ser director técnico. Él dice que va a ser el DT de la selección Colombia y yo le creo. El fútbol como herramienta de reconciliación recorre diferentes territorios, por eso en El Observador tenemos una sección llamada Fútbol por la paz.

Después subieron al escenario los del grupo de danza liderados por Andrés Ahuanari, gestor comunitario del talentoso equipo, quien ha guiado este proceso desde hace dos años utilizando la danza para decir “no más a los estereotipos”.

Esto me recuerda la recomendación de mi mamá de que ingresara a danzas cuando iniciaron los talleres de Tiempo de Juego. Hoy se siente orgullosa porque aunque no esté allí sino en periodismo logré descubrir mis habilidades, encontrar mi adrenalina.

Y así, después de todas esas muestras de talento y de explicarle en qué consiste El Observador, Juanpis se despidió con una invitación a leerlo, a soñar, a construir cambios seguros de que a partir del arte y del periodismo, y desde Cazucá, le podemos aportar mucho al país.

Pasada la emoción del evento comprendí que la unión, la inclusión y la reconciliación tienen el poder más gratificante, el de una transformación social que surge de nosotros mismos.

Finalizado el show, cuando Juanpis González se despidió porque tenía una cita con el turco, entró Alejandro Riaño, quien nos dio una mirada diferente de la que tenía su personaje, un agradecimiento por hacer esto, por continuar en pro del cambio, de no seguir actitudes o pensamientos como las de Juanpis.

De allí me dirigí hacia la salida, a entregar la revista de El Observador a las personas, llena de historias y acontecimientos, como un recuerdo, tal vez memorable, de esa idea que se convirtió en sueño, y de sueño pasó a ser realidad. 

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