Sus amigos conocen a Andrea Defrancisco como ‘Andrea Latas’, y ese sobrenombre dice mucho de ella. Con su trabajo ha demostrado la relación profunda que existe entre el arte y el cuidado del medio ambiente.
Por María Juliana Arévalo y Valeria Fernanda Pillimue, estudiantes del Taller de Periodismo de la Fundación Tiempo de Juego
Desde niña ha mostrado un gran interés por el medio ambiente, aquel que día a día se ve afectado por nuestras malas decisiones. De joven, su familia la tachaba como “la oveja negra”, porque eso de casarse, tener hijos y conseguir un alto rango en una empresa no fueron nunca sus objetivos. En contravía de eso, su propósito de vida era reconstruir el lugar en el que vivimos.
Aunque nunca ha estado de acuerdo con el sistema educativo terminó siendo profesora de un grupo de jóvenes que se iniciaban en la música. Al notar que los chicos no contaban con instrumentos musicales y ella no tenía los recursos necesarios para comprarlos –el precio no bajaba de 200.000 pesos–, decidió crear herramientas propias a partir de basura, lo que se convirtió en su principal materia prima. Inspirada por esta experiencia, Andrea creó una banda musical llamada Latin Latas. Todo comenzó en 2011 y desde entonces la agrupación viaja por el mundo llevando su arte.
Actualmente, Andrea dicta talleres y charlas a jóvenes, empresas y personas interesadas en la relación entre la música y el reciclaje. Enseña sobre lutería (reparar o inventar instrumentos) y sobre cómo es posible cambiar nuestra forma de vida para contribuir al cuidado del medio ambiente. Los jóvenes que asisten a los talleres que se llevan a cabo en la Casa Cultural Latin Latas aman la música y paso a paso están comenzado a transformar sus vidas, emocionados por cada cosa que aprenden en este espacio.


