Mariana Rico

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19 años

Desde su cuarto, con todos sus miedos y todas sus esperanzas.

UNA PANDEMIA EN CIÉNAGA.

24-04-2020
12:32 am

Mi nombre es Mariana, soy una joven universitaria, vivo en Ciénaga Magdalena y, como todos, estoy tratando de sobrevivir a la pandemia.

Entre la cuarentena y el virus nacen múltiples emociones, el miedo, si lo pienso, es la más fuerte de todas, miedo a morir, miedo a perder a mis seres queridos; pero también existe la ansiedad, esa ansiedad que genera el no saber qué va a suceder o cuándo va a mejorar todo. Los medios de comunicación no ayudan mucho a calmar la ansiedad, por el contrario, se empeñan en repetir una y otra vez lo mismo, me atrevería a decir que crean una lluvia de miedo que se deja caer sobre todos los ciudadanos y nosotros nos dejamos empapar del agua que viene cargada de exageraciones y en muchas ocasiones de mentiras; pues los medios de comunicación se aprovechan del momento para desangrar la información, se agarran fuerte de un hilo y lo manejan a su antojo para conseguir titulares llamativos que logren clics o vistas, todo esto sin tener en cuenta la veracidad de los hechos o la salud mental de sus lectores.

Conozco a Ángela, una mujer de unos setenta años que ha vivido toda su vida en  Ciénaga. Ángela tiene miedo, la he visto llorar después de que viera el noticiero y escuchara la alarmante cifra de fallecidos. La he visto desesperada por el estrés y la ansiedad que le genera el saber que está tan vulnerable, cosa que todos los medios de comunicación no paran de repetir. Ella no está contagiada, pero está muriendo poco a poco de estrés debido al eco que hacen los medios de comunicación con sus noticias negativas, y yo, yo voy muriendo de impotencia, ¿cómo le puedo hacer entender que el sol va a volver a brillar para nosotros?

Como Ángela hay miles de almas agobiadas y llenas de estrés debido a la crisis que está atravesando el planeta y la forma en la que los medios informativos se pronuncian, pues esta situación se presenta como una oportunidad para atrapar lectores o visualizaciones que generen ingresos a sus compañías, ya sea haciendo clic en un link, encendiendo el televisor o comprando un periódico, y aquí es donde el periodismo se divide en dos: aquellos que se esfuerzan en dar noticias limpias con el único objetivo de informar y aquellos que manipulan la información por ganancias sin realizar una verificación de los datos y las fuentes. Con estas noticias pueden conseguir visitas, pero por un error pueden arriesgarse a terminar perdiendo credibilidad, sin contar con que la desinformación genera histeria en el pueblo, y en tiempos de pandemia no es recomendable sobrecargarnos de agobios.

Los medios de comunicación pueden ser un arma mortal a favor o en contra, dependiendo de cómo se usen, y creo que para atravesar esta crisis debemos alejar de nuestro ser todo aquello que pueda afectar nuestra estabilidad emocional, ya que el encierro puede volvernos susceptibles a depresiones, por esto existen testimonios de personas que por salud mental decidieron no ver ningún tipo de noticiero durante esta cuarentena. Yo por lo menos me incluyo en esa lista, de esa forma he evitado la fatiga y la ansiedad que me genera la situación.

En estos momentos es importante unirnos para encontrar la luz en medio de la oscuridad, porque aunque se piense que no hay un lado positivo en medio de la crisis pues sí, siempre existe. Este es el momento perfecto para reconectarnos con nuestras familias o con nosotros mismos; para los que tienen negocio este es el tiempo de reinventarse, de sentarse a pensar cuáles son las necesidades a satisfacer de los clientes. Además, sin miedo a equivocarme, una de las razones para mantener el positivismo es saber que el planeta está respirando, el mar está sanando, los animales están regresando a sus hogares, la contaminación está disminuyendo, la Tierra está descansando y los humanos nos damos cuenta de que durante estos años el virus hemos sido nosotros. Cuanto se acabe esta crisis no podemos ser las mismas personas que éramos antes de que comenzara, debemos estar más unidos, ser más nobles, humildes, debemos amar más, abrazar más, disfrutar más.

Me parece que la invitación, entonces, es a que nos esforcemos por no permitir que todo lo que escuchamos o leemos afecte directamente a nuestra salud mental, sino que tratemos de vivir la situación a nuestro propio ritmo y desde nuestro propio ser. Probablemente nunca vamos a volver a tener el tiempo libre que estamos teniendo en estos momentos, así que aprovéchalo y trata de distraerte un poco. En lo personal, en medio de la crisis me ha tocado navegar por mis gustos para no naufragar en el mar de la ansiedad, me aferro a la idea de que debo tratar de disfrutarme un poco, he pasado los días informándome solo lo necesario, pero leyendo bastante, cantando a montones, bailando sola y disfrutando de mi familia. Aún así no he evitado la ansiedad completamente, pero como dije al inicio, solo estoy tratando de sobrevivir.

Cuando todo esto pase anhelo poder ir a visitar a Ángela, comerme sus deliciosas empanadas de queso mientras ella me obsequia una enorme sonrisa y su épico saludo repleto de costa: “ajá mari”; espero que para ese momento hayamos sobrevivido al coronavirus y a los medios de comunicación.

Cuídense, no salgan de casa, lávense las manos, amen mucho y no crean todo lo que ven.

27-04-2020
10:14 pm

A estas horas y con más de un mes de cuarentena me entra la nostalgia, mi mente se invade de pensamientos sobre todas aquellas cosas que extraño, siempre pensé que sería feliz estando encerrada en casa pero en medio de esto me he dado cuenta de cuánto apreciaba vivir mi vida entre las calles y los parques de mi pueblo, pues he tenido la fortuna de haber vivido diez años de mi vida en Ciénaga Magdalena, aquel pueblito encantador que, gracias a García Márquez, es considerado como la capital del realismo mágico. Este pueblito alegre que está lleno de amabilidad, fiestas, guineo y ciclotaxis, que está lleno de color, se ha tornado gris. El pueblo que antes estaba lleno de magia se ha inundado de miedo ahora que el coronavirus recorre las calles de Ciénaga, sus habitantes tenemos miedo.

Ciénaga presenta 42 casos confirmados de coronavirus y la cifra va en aumento. Además, la situación económica de muchos hogares de Ciénaga no permite que los ciudadanos tengamos el cuidado que deberíamos tener, pues muchas personas se ven en la obligación de seguir saliendo y arriesgando sus vidas para poder obtener el sustento de su familia. Esta situación la están atravesando muchas personas, mi barrio está inundado de pañuelos rojos colgados en las ventanas de las casas. Tengo un vecino mototaxista que vive con su esposa, su madre y sus 7 hijos, también está Don Pablo, mi vecino y ciclotaxista de confianza, quien nos afirmó que hasta no recibir ayudas del gobierno tendría que seguir trabajando, pues vive del dinero que gana día a día. Ambos vecinos estaban muy expuestos a contagiarse, pues a diario subían entre 10 y 15 personas diferentes a su ciclotaxi o moto, sin contar que corrían el riesgo de recibir una multa por violar la cuarentena, una multa que ronda hacia el millon pesos. Para mi tranquilidad y alegría, hace 6 días llegaron las ayudas de la alcaldía a mi barrio para las familias vulnerables, que luego quitaron los pañuelos rojos, pues no los van a necesitar por un tiempo.

En todo caso no dejo de preguntarme una y otra vez: ¿es la pobreza la verdadera razón por la que los cienagueros no están llevando a cabo los cuidados pertinentes ante la pandemia? ¿o cuál es la razón por la que la cuarentena no se practica completamente en este pueblo?

“No es por la cruda pobreza, pues el Chocó y la Guajira, los departamentos más pobres de este país, son de los que menos contagios de Covid-19 tienen. No es porque el Estado no haya actuado, si lo ha hecho, y a tiempo -que los órganos de control prueben si bien o mal-; tampoco es por falta de información, la vemos hasta en el arroz. Nos está jodiendo es el importaculismo propio del colombiano, que es agravado en el caso de los cienagueros, y la minimización del problema por parte de las autoridades locales, quienes ya es hora de que dejen de estar llamando “a la tranquilidad” y empiecen a meter miedo hablando con la verdad, porque este virus no tiene vacuna, no tiene un tratamiento propio y no estamos preparados ni en clínicas ni hospitales para lo que se nos viene, que es difícil.”

Esas son palabras de “El Nene Pérez”, ex alcalde de Ciénaga, desmintiendo así la teoría que afirma que es la pobreza la que ha ido sumando casos en Ciénaga. Mis vecinos también me ayudaron a desmentirla, pues aunque algunos habían afirmado que trabajarían solo hasta recibir ayudas del gobierno, nos han sorprendido al seguir trabajando aún después de haber accedido a mercados para toda su familia. “El Nene” entonces deja caer la culpa de la rápida expansión del coronavirus en Ciénaga al “importaculismo” y a que tal vez las autoridades locales no han sabido manejar el problema, lo cual, desde mi perspectiva, puede que sea cierto. De hecho, el día de ayer un amigo me dijo “no te preocupes, puedes salir, yo fui a la playa y la policía no me dijo nada”, ese es el pensamiento que recorre a la mayoría de habitantes de Ciénaga, por eso ahora están saliendo, están abriendo negocios que no tienen permiso de abrir e incluso están haciendo fiestas. En Ciénaga no se siente la autoridad, nunca se ha sentido.

Es así como el miedo aumenta en algunos cienagueros. Yo tengo miedo, mis padres y mis amigos están preocupados, sentimos que no podemos hacer nada y que nuestras vidas penden de un hilo que manejan otras personas. Ciénaga está repleta de miedo pero no es la primera vez. Ciénaga sintió miedo también en 1928, con la masacre de las bananeras, lo sintió luego en 1998 con la masacre perpetuada por paramilitares en La Secreta, y en el 2000, con la masacre de la Ciénaga Grande, entre otras historias llenas de sangre y dolor. Pero Ciénaga siempre ha tomado el pasado y lo ha convertido en símbolo de reconciliación, Ciénaga se ha encontrado de cara con el miedo en muchas ocasiones, lo ha enfrentado y le ha ganado; esto que estamos pasando solo será una historia más, tomaremos esta situación como una enseñanza y, cuando se acabe, todos los cienagueros estaremos listos para enfrentar juntos lo que se venga.

Me mantiene viva la esperanza de que cuando todo esto pase podré ver el atardecer sentada en la playa de Ciénaga, podré ir al parque de las ranas y comerme esos deliciosos raspados del “Mono”, podré salir a comerme esas deliciosas salchipapas costeñas repletas de queso y salsas, y un manguito viche con sal bajo sol picante. Podrán terminar de remodelar nuestro emblemático templete y para entonces estaré lista para disfrutar mis tardes allí, sentada en medio de risas entre amigos, con una deliciosa paleta de derritiéndose poco a poco en mi mano.

Fotografía por: Cristian Durán Jiménez.

01-05-2020
1:03 am

Miedo. Hoy siento miedo.

Cuando todo esto comenzó me sentía tranquila, preparada para pasar los próximos días en casa en medio de todo lo que me gusta. Con mi familia nos divertiríamos, yo tomaría este tiempo para hacer esos cursos en línea que siempre había querido hacer, para encontrarme, para satisfacerme. Ahora siento que me estoy apagando un poquito más con cada día que pasa, me está matando la ansiedad que me genera el no saber qué va a suceder, no saber cuánto tiempo va a durar, no saber cuántos meses van a pasar sin que pueda ir a la playa, al cine o a restaurantes, o el no saber si algún día voy a poder cumplir todas esas cosas que soñaba hacer pero que vivía posponiendo.

Los días comienzan a perder sentido y me cubro tras un manto de desinterés, las cosas que antes amaba hacer ahora parecen tortura, y entonces me pregunto si pronto todo volverá a ser como antes, pero con un ligero tono de ironía y sarcasmo, pues en el fondo siento casi imposible que eso llegue a suceder por ahora. Me he sumergido completamente en esta nueva forma de no vivir, ahora parece que no hay salida y veo cómo los sueños se alejan, siento que mi vida está en pausa, siento que pierdo tiempo, aunque en realidad estoy ganando vida y experiencia, porque gracias a esta crisis he descubierto lo que en realidad quiero hacer en mi vida.

En lo personal esta cuarentena me ha hecho reflexionar mucho, me he dado cuenta de que extraño cosas que antes ni siquiera me gustaba hacer y también que hay cosas que no quiero volver a hacer. Siento que a muchos la situación que estamos atravesando nos ha hecho descubrir miedos, o gustos nuevos. Yo quiero comenzar a vivir mi vida sin preocuparme por lo que piensen las otras personas, he pasado todos estos años viviendo una vida que los demás querían y gracias a esta crisis me he dado cuenta de que en cualquier momento puedo irme de este mundo terrenal, y si tuviera que irme ahora me iría sin haber vivido la vida que yo quería. De ahora en adelante me quiero arriesgar a perseguir mis sueños, a aplicar para ese intercambio que siempre me dio miedo, quiero arriesgarme a estudiar música, quiero hacer todos esos viajes que siempre soñé, quiero dejar de negarme a las salidas con amigos y bueno, quiero hacer amigos.

¿Te ha pasado que solo caminas como siguiéndolos a todos pero sin tener idea de hacia dónde te diriges? Así me he sentido todos estos años, me muevo siguiendo la corriente e ignorando las señales que me manda la vida para pedirme que por favor la viva, pues mientras me preocupo en seguir pasos que no conozco, olvido formar el destino que desearía realmente para mí. Así que, aunque parecía que vivía, realmente solo estaba simulando hacerlo mientras moría poco a poco por dentro, mientras asesinaba mi alma y mis sueños. Pero esto es lo que quieren hacer de nosotros, personas adiestradas cual soldados, firmes ante el llamado de lo que no conocemos y que no nos importa, firmes ante el camino que no deseamos pero que seguimos porque parece lo correcto, mientras cada instinto de nuestro ser nos pide a gritos que no lo hagamos; ¿qué posee más fuerza en este caso? ¿lo que se considera “correcto” o lo que deseamos con todas las fuerzas del alma? Hay artistas reprimidos con vidas miserables estudiando en una universidad algo que no les apasiona, solo por seguir el camino que nos han metido en la mente y nos han dicho que es el correcto.

¿Te has preguntado tú qué deseas hacer cuando por fin finalice la pandemia? ¿Te has preguntado, si muriera mañana, moriría feliz de saber que hice lo que quería hacer? ¿Si mi madre se muriera, sabré que disfruté suficiente el tiempo con ella? ¿Es así como quiero ver los días pasar? ¿Quiero seguir haciéndole daño al planeta que es mi hogar? Respóndete esas preguntas y no te olvides de vivir cada día como si fuese el último. Esta crisis sanitaria nos ha enseñado que en cualquier momento podemos perder la vida o la de un ser querido, y nosotros acostumbrados a que la vida nos pase al frente de los ojos y solo nos detenemos a verla transitar. Vivimos a la merced de que los días pasen y seguimos una rutina que no nos llena, que no nos hace felices, sin darnos cuenta de las cosas que apreciamos, de cuánto gozamos una simple salida a comer, un simple abrazo; de cuánto amamos a las personas que extrañamos, de cuánto deseamos ver vivos a nuestros seres queridos. Nuevamente… cuando finalice esta crisis no podemos ser las mismas personas que éramos antes de que comenzara, debemos estar más unidos, ser más nobles, humildes, debemos amar más, abrazar más, disfrutar más.

Es por esto por lo que mi consejo para ahora y para después es: ¡vivamos!, No desperdiciemos ni un segundo de nuestras vidas, hagamos todo aquello que nos cause felicidad, saquemos de nuestra vida lo que nos resta, lo que nos amarga, alejémonos de las personas que nos hacen daño y que no nos dejan volar.

Yo espero con ansias superar la pandemia y salir corriendo a vivir una vida para recordar.

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