A Paula el diario de Mauricio le recordó a su abuelo y la hizo sentir que era él quien le hablaba.
Hola Mauricio,
Quiero primero que nada, agradecerle por sus palabras y relatos, por “medírsele” a este proyecto y compartir con la gente sus experiencias.
Debo admitir que la ilustración que sirve de portada a su diario fue la culpable de que lo eligiera a usted, y es que ahora que lo pienso, usted en ese dibujo se ve igualito a mi abuelito: las gafas, el saco rojo, la biblioteca. Vi en usted a la persona a la que no he abrazado en mucho tiempo, al genio de los crucigramas que me heredó su amor por los libros, al hombre chistoso amante de la ópera y de Gabo.
Es inevitable entonces, creer que son sus palabras los pensamientos de mi abuelo y por esta razón, las leo y las vuelvo a leer casi todos los días, fingiendo que es esta la forma de comunicarme con un abuelo que me escuchó por primera vez en mucho tiempo cuando le compramos sus audífonos el año pasado.
Ya ve usted el efecto que tiene su diario en mí que, además de todo lo ya dicho, me hace arrepentirme de no haberle enseñado a mi abuelo cómo usar el computador, de no dedicarle un tiempito para llamarlo y de haber dejado de rezar (más por falta de fe que por falta de intención) por que llegue a la sexta edad sin sufrimiento alguno.
Tengo la tendencia a hablar mucho y mi mente es como un ‘joven menor de 70 años’: “se mueve por todas partes”, así como usted dice. Tanto así que olvidé presentarme, me llamo Paula y tengo 17 años. Y le escribo esta carta para expresarle mi agradecimiento. Gracias por darle una voz a mi abuelo -o bueno, por permitirme imaginar eso-, gracias porque me enseñó que “tenemos todo el tiempo del mundo” no sólo en esta cuarentena, sino en la vida. Gracias también por inspirarme calma, una calma que no puedo explicar pero que es hasta terapéutica en estos momentos de angustia y bombardeo de información. Gracias a usted, arreglé mi armario y mi biblioteca, datos que quizás no necesito mencionar pero por lo cual mi mamá también está feliz. ¿Sí ve? Ya son dos personas positivamente afectadas por su diario en esta casa.
Y otra vez, me extendí con las palabras. Un talento o defecto que siempre he tenido y todavía no decido si lo correcto es luchar contra él o finalmente aceptarlo.
Muchas gracias Don Mauricio, salúdeme a su esposa.
Att: Paula Pardo


