Arte para crear

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Cuatro integrantes de la Fundación Tiempo de Juego afrontaron el gran reto de despertar su proceso y pensamiento creativo durante el NC-Lab, un laboratorio de creación que se realiza en Bogotá cada dos años. Lo que aprendieron ya lo aplican en su trabajo diario.

Dolly Castellanos, coordinadora de ArTics (Arte y Comunicaciones), Álvaro Gil, diseñador gráfico, Mario Franco, líder del programa Aprender Jugando, y Diana Torres, líder del nodo de Liderazgo y bienestar, fue la nómina elegida para participar en talleres, mesas de trabajo y acciones colectivas del NC-Lab.  

Durante este laboratorio de creación que duró cuatro días, los cuatro integrantes del equipo coordinador de Tiempo de Juego tuvieron la oportunidad de aprender cómo la literatura, los sonidos, los recuerdos, la historia, la reflexión y la interiorización son herramientas lúdicas que permiten trabajar emociones y habilidades, así como conocer otras formas de ver y transformar la realidad. 

A continuación, cada uno de ellos nos cuenta cómo fue esta valiosa experiencia y cómo han puesto en práctica los resultados en su trabajo diario.

Diana Torres Líder del nodo de Liderazgo y bienestar

Talleres como La estación indefinida, dirigida por el colectivo Nueve Voltios, permitió un viaje a la deriva en donde el audio y el video fueron los ejes de la creación, para transitar por diferentes universos mediáticos y performáticos de manera individual y colectiva. 

Así mismo, Christian Fernández con Colectivo Singular, propuso diversos ejercicios y experimentos que sirvieron para habitar la incomodidad y el placer de maneras poco convencionales, empleando el cuerpo y la voz como materia y metáfora. “Un minuto 100 personas”, espacio mediado por el colectivo Manila Santana, mostró un performance donde las dos caras de la moneda del proceso grupal y los fenómenos sociales surgen en la colectividad, posibilitando abrir un escenario contenido pero sin reglas, para generar nuevos pensamientos en torno a la acción, el poder y el peligro de las masas. 

Por otro lado, Mario Opazo con su taller Errantes, Náufragos y Perdidos, usó la arquitectura del lugar y sus alrededores para promover la escritura y la crónica de la experiencia como herramienta propositiva, la cual forma un modo de encuentro de los participantes como cuerpos singulares que se suman a la construcción de lo colectivo.

Estos fueron solo algunos de los campos que vivenciamos los integrantes del equipo. Y no solo los hemos sumado a nuestras experiencias personales, sino que los hemos puesto en práctica en diversos espacios como, por ejemplo, el evento de cierre de las Escuelas de Liderazgo 2018, donde participaron los docentes, gestores y monitores de Tiempo de Juego. 

Así mismo, los hemos aplicado en las jornadas de Bienestar de Equipo de 2019, en los escenarios de recreo de mi colegio y jornadas especiales de docentes, y en las capacitaciones de los equipos en los capítulos regionales. Estos últimos pertenecen al Programa Aprender Jugando, en el cual se aplica la metodología de Tiempo de Juego en las aulas.

Álvaro Gil Diseñador gráfico

La organización del evento es un punto a destacar, sobre todo los escenarios perfectamente ambientados para que la mente y el cuerpo se sincronizaran y pudieran dar inicio a un proceso creativo. 

La armonía entre las acciones colectivas en horas de la mañana, donde la meditación y la relajación en grupo eran protagonistas, daba paso a los talleres, donde los participantes podían elegir una ruta de actividades que fuesen de su interés.  

El equipo de Tiempo de Juego participó en grupos de trabajo diferentes y vivenciamos NC-Lab desde diversas perspectivas. Coincidencialmente, los cuatro seleccionamos la estación de trabajo “Un minuto 100 personas” de Manila Santana. Allí una experiencia colectiva permitió abrir la mente a propuestas creativas de grupo y logró que cada individuo diseñara una actividad de un minuto para la interacción del resto de los participantes.

“Del texto a la textura: escritura sensual y lucidez involuntaria”, taller de Ericka Flórez, fue la que más me gustó. Aunque el título suene seductor y fantasioso, fue literalmente lo que sucedió en esta aventura de pasos, texturas, olores y sabores que permitieron que los sentidos se agudizaran, la mente se liberara y fluyera con naturalidad la escritura. Los detalles de las gráficas permitieron que se pusiera en libertad la creatividad de maneras distintas, explorando los caminos que regularmente no se toman en un proceso de creación. Esta experiencia logró dar cuenta de que el punto más alto de creatividad llega en su momento, tan solo hay que escucharlo, sentirlo, olerlo, saborearlo y dejarlo llegar, y detenerse a observarlo, y sentir que es justo en ese instante donde se aclaran todas las ideas.

Dentro de ese caos que puede ser el arte, tal vez se encuentre una secuencia, un posible paso a paso. Si se tienen en cuenta los aspectos logísticos para crear ambientes propicios, en momentos específicos y con personas dispuestas, los procesos creativos van a surgir sin importar la actividad: la música, la danza, la escritura, las artes plásticas, la producción de video, etcétera. 

El resultado será el mismo, una unión que permite el crecimiento en grupo, el trabajo en equipo y el fortalecimiento en las relaciones, así como desarrollar habilidades de liderazgo, aprender a dar y recibir retroalimentación, inspirar a otros y transmitir lo aprendido. Y claro, el resultado también serán creaciones creativas que permitan fortalecer las capacidades y, simultáneamente, inspirar a las personas a que entiendan que sus acciones pueden ser el cambio en su sociedad. 

Mario Franco Molina Líder Aprender Jugando TDJ

NC-Lab se ha convertido en una fuente inagotable de recursos para quienes asistimos con la expectativa de inspirarnos y diversificar nuestras herramientas pedagógicas. El formato del laboratorio (premeditado para lo aleatorio) recurre al diseño de experiencias de creación colectiva orientadas por los mismos autores, en su mayoría artistas con trayectoria. Esto motiva e invita desde el inicio a ser actores/productores del proceso creativo.

Así, este escenario se convierte en el lugar ideal para vivenciar diversos enfoques artísticos, dialogar en torno a creencias y participar activamente en una genuina experimentación multidisciplinar.

Es este formato diverso, generoso, dispuesto a abrazar el error, al mismo tiempo que se comparten saberes y experiencias de creación colectiva, lo que encuentro afín y nutritivo para los ejercicios de empoderamiento lúdico que desarrollamos en Tiempo de Juego. Pensar que todo proceso es en sí mismo un camino de diversas vertientes, de múltiples posibilidades, permite reconocer que cada proyecto emprendido podría entenderse y desarrollarse como un laboratorio de trabajo conjunto.

Como miembro del área de Transferencias Metodológicas TDJ (Aprender Jugando), considero que el NC-Lab me provee de estrategias para diseñar escenarios de aprendizaje experiencial, vitales para el desarrollo de capacidades en los líderes de distintos territorios. Además, me permite diversificar las herramientas pedagógicas para el ejercicio de las habilidades para la vida, así como la práctica de distintas disciplinas (deportivas, artísticas, tecnológicas) desde un lugar común: la creatividad. 

Dolly Castellanos Coordinadora de ArTics 

Tener la oportunidad de experimentar diversas sensaciones desde el reconocimiento de tu pensar, sentir y actuar es algo inolvidable. NC-Lab permitió desde diversas miradas artísticas reafirmar que cada individuo es un artista de su propia vida. Uno de los grandes retos de este laboratorio fue construir desde la diversidad, comprendiendo que el mundo cobra valor cuando se permite interactuar con los otros, confiando en las habilidades, actitudes y capacidades que cada uno de nosotros puede brindar en un mismo espacio. 

NC-Lab generó espacios innovadores que permitieron la exploración y el descubrimiento de diversas posibilidades artísticas ante la mirada de un nuevo mundo que se enfrenta a múltiples situaciones, en donde el arte es el gran protagonista. Gran muestra de ello fue el taller “Del texto a la textura”, de Ericka Flórez, en donde permitió que cada participante tuviera la posibilidad de descubrir su artista interior desde la estimulación sensorial de su cuerpo, generando la posibilidad de nuevas experiencias que reafirmaron o cambiaron concepciones de lo concreto a lo abstracto.

Es maravilloso comprender que el arte hace parte de cada ser humano, y que cada uno tiene la posibilidad de hacer de él la mejor estrategia para brindar innumerables posibilidades de cambio.

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