EL PODCAST DE JUEGO SIN RIVALES
Durante muchas noches de su infancia, iluminadas por antorchas que reemplazaban la luz eléctrica en una plantación de banano, Agustín Lara oyó las historias de sus ancestros, jornaleros que al final del día se sentaban a compartir no solo la comida, sino los cuentos de antes, esos que Gabo describió magistralmente para contarle al mundo la magia de Ciénaga, y que hoy Agustín repite para que no se pierdan la tradición y la memoria.
Ciénaga, la salitrosa, es también es el sabor del “cayeye”, el folclor de las fiestas del Caimán y el ruido de las motos y bici taxis que transportan a locales y extranjeros. Al volante en una de ellas fue que Agustín empezó a contar sus historias, de cómo esas casas estilo art Nouveau, el teatro y la cultura, llegaron a Ciénaga con la bonanza del banano. Y cómo en su centro histórico, que fue declarado patrimonio nacional, iguanas y ardillas conviven con la gente y Carlos Vives recibe una guitarra del Maestro Guillermo Buitrago, rindiendo honor a la música vallenata.
Y es que quién mejor para contar estas historias que aquel niño nacido en el borde de un río, en esa sierra bañada de nieve y también de mar que tiene tanto por contar, como las batallas de su gente de ayer y de hoy, las maravillas de la Ciénaga Grande que es reserva de la biósfera mundial, el romanticismo de un pueblo flotante en el que los mandados se hacen en canoa o esa tierra secreta en la que hombres y mujeres convirtieron sus heridas de guerra en cultivos de café.
Ahora Agustín tiene una nueva historia por contar: la de una casa de habitantes que se levantó en la esquina norte de la plaza Centenario, donde jóvenes periodistas han decidido continuar el legado, ese de contar a su pueblo y sus maravillas con las nuevas narrativas, convencidos de que aquellas estirpes sí merecen una segunda oportunidad sobre su tierra.


