Francis Parra

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15 años
Una venezolana en Santa Marta.

Una venezolana en Santa Marta

Soy Francis Parra, nací en el año 2004 en el estado de Barinas, en Venezuela. Vivo en Santa Marta hace aproximadamente 3 años. Salir de mi país no fue nada fácil y mucho menos dejar a mi familia, sabiendo todo lo que sucede en Venezuela. Pero lo hicimos por buscar un futuro mejor para todos, sabiendo que Dios nos estaría acompañando en este viaje y que protegería nuestro camino y supliría todo aquello que nos hiciera falta. La verdad me siento orgullosa de ser venezolana, no le doy importancia a los comentarios mal intencionados de algunas personas que no saben lo hermoso y mágico que es mi país y sólo juzgan por lo malo que escuchan de él. Llevar a mi país a donde quiera que vaya es un privilegio, me gusta representar lo que es Venezuela: amor, felicidad, gozo, armonía, sinceridad, honestidad y sobre todo unión.

Cuando me vine a vivir a Colombia fue difícil, me costó un poco adaptarme y aprender de su cultura, pero al pasar el tiempo hice amigos, iba a la iglesia y así empezó todo. Entrar al colegio fue algo muy frustrante, pero mis compañeros ayudaron a que me sintiera cómoda, me brindaron su amistad y me ayudaron en cosas que no sabía. Hubo un tiempo donde empezó el bullying y la verdad me deprimí, no quería ir al colegio, no tenía ganas de hacer tareas y me alejé un poco de la gente, dejé que todo eso me derrumbara y no busqué ayuda, muchas personas me la brindaron, pero no era capaz de hablarlo con nadie. Por eso perdí el año y fue bastante duro, llegaban pensamientos a mi cabeza de muerte y decepción. Un sábado cualquiera que me sentía muy mal, hubo unas palabras de consuelo de parte de un joven que me dijo: “todo estará bien”, aunque fueron unas palabras muy sencillas me ayudaron en aquel momento. Mis lágrimas rodaban por mis mejillas y pude entender que de ahora en adelante yo debía ser un ejemplo de vida y superación para los demás jóvenes. Es por eso que quiero tener una voz de liderazgo en mi territorio, porque se las necesidades que hay en él. Le doy gracias a la Fundación Tiempo de Juego por hacer parte de mi comunidad y hacer que muchos jóvenes como yo utilicemos el juego como herramienta de transformación.

Por estos días de confinamiento me pongo a pensar en cómo estarán mis amigos del colegio y de la clase de comunicaciones en Tiempo de Juego. Espero que ellos y sus familias se encuentren bien. Con mis amigos de Venezuela me he comunicado y me hace feliz saber que se están cuidando y que ellos y sus familias están bien a pesar de todo lo que está sufriendo el país.

Les cuento que por estos días junto con mi familia estamos emprendiendo un negocio local, con ventas a domicilio de pasabocas horneados, preparados con mucho amor y sazón de Venezuela, aunque son típicos de Colombia pero tienen un toque especial así como el cuidado y la higiene para elaborarlos.

Para nadie es un secreto todo lo que está pasando hoy en día a nivel mundial, esta pandemia que se ha desatado ha generado muchas cosas negativas que no mencionaré porque todos las conocemos. Ahora solo hablaré de cosas positivas que me han sucedido en esta cuarentena. 

Una de las tantas cosas que me ha pasado es que he podido encontrarme como persona, centrarme en las cosas que quiero lograr y que tengo que mejorar para poder avanzar y sentirme orgullosa de mí a pesar de los errores que he cometido. He restablecido la amistad con mi mamá y eso es más que un logro, antes no era muy buena, pero hemos trabajado en ello. Además, he interactuado más con mi hermano menor, antes no lo hacía tan seguido. 

También he aprendido muchas cosas que antes ni pensaba que podría lograr como el maquillaje, la cocina o dibujar. Asimismo, por medio de internet, he practicado mi idioma favorito que es el portugués. 

Es fascinante pasar esta cuarentena con mis compañeros de la Fundación Tiempo de Juego de manera virtual ya que a través del colectivo de comunicaciones hemos seguido activos con las clases, en las que he aprendido cosas que me servirán para la construcción de mi vida y mi futuro. Nos han enseñado expresión oral y escrita, acercamiento básico a la fotografía, herramientas de la cámara, perfil y colorimetría, entre otros, además de que trabajamos en una habilidad psicosocial cada mes. Sueño dentro de algunos años ser yo la que enseñe a otros chicos lo que he aprendido y sentirme orgullosa de ellos, así como nuestra profe está de nosotros.

Lo más difícil de esta cuarentena es ver a personas que no tienen un hogar estable, que tienen que salir para buscar el diario vivir y se exponen a contraer el virus. Siempre le pido a Dios por ellos, que los cuide y proteja, así como lo ha hecho con mi familia. 

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