16 años
Desde su habitación, con la dicha de tener a sus padres en casa.

FAMILIA
Es increíble como de un día para otro tuvimos que aislarnos del mundo exterior y refugiarnos en cuatro paredes, estas cuatro paredes que dulcemente llamamos hogar. De un momento para otro, no podemos realizar actividades como lo hacíamos antes: mis padres ir a trabajar, mis hermanas y yo estudiar, y en jornada contraria ir a las actividades de tiempo libre en nuestra segunda casa “Tiempo de Juego”.
Me llena de impotencia el no poder salir de las cuatro paredes de mi casa, no les niego que siento tristeza. No poder estar en una cancha haciendo lo que más me gusta, jugar fútbol, o asistir a mis clases presenciales, hace que extrañe a mis compañeros de clases y a mis maestros. Pero en esos momentos de tristeza un interrogante ronda mi cabeza ¿será que esto trae algo positivo para la familia?
Después de analizar mi hogar y el de las familias de mis vecinos, a quienes observo desde mi ventana reunidos en las terrazas de sus casas, me doy cuenta de que la respuesta es que sí, sí trae cosas positivas, pues en ocho años que llevo viviendo en este lugar, sólo se reunían para las fiestas de fin de año. El esposo de la vecina lleva años trabajando en un hotel y ni para las fiestas de fin de año lo veíamos, pues debía atender horario laboral. Y lo mismo con la mayoría de vecinos, trabajando todo el día, casi nunca estaban con sus hijos y esposas.
En mi hogar, mis padres trabajaban tanto que sin darse cuenta, indirectamente, nos hacían sentir abandonadas, ya que era poco el tiempo que nos podían dedicar. Era entendible pues sus trabajos son demasiados extenuantes y al llegar a casa solo necesitaban organizar lo del día siguiente para irse a descansar lo más rápido posible. Lo anterior me lleva a pensar ¿qué estaba pasando? ¿a quien se le ocurrió que una familia debía andar con afanes todo el día?
Gracias a Dios ahora, en esta cuarentena, nos levantamos con nuestra familia al lado, cuando despertamos ahí están papá y mamá sin el afán de que debemos correr para no llegar tarde a clases, o que ellos deban correr más por que llegarán tarde a sus trabajos, pues si eso llegaba a suceder, podían perder sus empleos. Ahora ya no hay afanes, nos organizamos y mantenemos una rutina para las actividades en la casa, un horario para todo, para no perder las costumbres, pero esta vez sin afanes.
¡Sí! hoy estamos con nuestra familia las 24 horas del día, realizamos actividades que nunca hacíamos como manualidades, postres, sembrar una planta o colaborar todos en los quehaceres de la casa. Mi papá cocina deliciosos platos, oramos, nos ejercitamos y aprendemos el uno del otro. Sigamos compartiendo y aprovechemos este tiempo para disfrutarlo al máximo con nuestras familias, y, aunque suene feo: ¡gracias COVID-19 por unir a las familias!




