La ciudad de las bicicletas

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Un impacto ecológico para el medio ambiente 

Por: Juan José Serrano

Fabricados por $800.000 pesos con ángulos de hierro, carpas de colores, nombres particulares, calcomanías de escudos futbolísticos, publicidad, peluches y la sabrosura de un pequeño parlante con variedad de música que entretiene a los pasajeros…así describe Juan José Serrano los bicitaxis, el medio de transporte más popular de la región. Conozca el porqué de su popularidad en esta crónica llena de color y movimiento.

Rickshaw, tricitaxi, pedicab, velotaxi o ¡mejor dicho!, ciclotaxi. Según Wikipedia, “un vehículo destinado al transporte de pasajeros construido bajo el principio de la bicicleta, accionado con tracción humana, con una capacidad de dos pasajeros adultos y su conductor”.

“¿Niño, estás desocupado? —Se escucha la voz de una señora— ¡aquí mismo, a la vuelta!”. También se escucha el típico grito de un padre cabeza de hogar diciendo: ¡Ciclotaxi…!

Este es el diario vivir de Ciénaga, el segundo municipio más importante del departamento del Magdalena, donde 186.000 habitantes cotidianamente barren las puertas de sus casas, entre calles llenas de misteriosas leyendas. Sin tanto rodeo, desde las seis de la mañana se preparan aproximadamente 2.000 ciclotaxis para salir al ruedo y ofrecer una aventura laboral a quienes sustentan sus hogares. 

Isaías Vásquez, un joven que a los trece años llegó a este pueblo desde el Atlántico, actualmente con  dieciocho años, nos cuenta su trayectoria en el mundo del ciclotaxi.

“Llevo cinco años en esta labor, muchos creen que es ejercicio, pero es un trabajo duro donde el cansancio se ve reflejado al llegar a casa. Quién sabe dónde estuviéramos si no hubiera ciclotaxis…” —refiere Isaías por la poca posibilidad de un empleo formal.

Mientras en Estados Unidos y Europa se utilizan como vehículos turísticos con pedaleo asistido, Isaías sale en su ciclotaxi a pedalear con la esperanza de ganar entre 20.000 y 30.000 pesos que se dividen pagando 7.000 pesos de tarifa y 1.000 de parqueadero. 

Sin embargo, lo persigue la esperanza de terminar sus estudios, pues sólo cursó hasta octavo grado. Quiere ser un profesional y por eso diariamente ahorra de 500 hasta 1000 pesos con la intención de regresar a clases, además de los 150.000 pesos que debe conseguir para pagar el arriendo en la casa del profe Sergio.

Pero vamos al grano.

Con mucha energía, cuando vas al ritmo del pedaleo a 15 o 20 kilómetros por hora, vives la sensación de sentirte como niño cuando Isaías recorre las calles en ciclotaxi pasando charcos que hidratan las llantas del vehículo, además de curvas donde sientes miedo y hasta gritas ¡Ten cuidado!, para luego saltar sobre reductores de velocidad que disminuyen los riesgos de accidentes. 

Estos vehículos únicos son fabricados por 800.000 pesos con ángulos de hierro, carpas de colores como verde, amarillo, rojo o negro y personalizados con nombres particulares como “El gato”, “Cristal Carolina” y “Tu papá”; con calcomanías de escudos futbolísticos, publicidad, peluches que llaman la atención y la sabrosura de un pequeño parlante con variedad de música que entretiene a los pasajeros hasta llegar a su destino. 

Visitamos lugares turísticos y leyendas de este municipio que trasladan tu mente a los acontecimientos del pasado, como “la muerte de Tomasita”. Cerca de la tarima construida para las fiestas del caimán vemos un monumento de una niña sentada mirando los caimanes que terminaron siendo sus propios victimarios. Sin embargo no todo quedó así, los cienagueros también cuentan sobre “Tomasita, el festival cienaguero y la venganza”, suceso similar a la celebración de Joselito en el carnaval de Barranquilla.

En el recorrido que hicimos en ciclotaxi las olas fueron testigo del dulce olor de las palmeras, la sal y los frondosos árboles sembrados a la orilla del mar de Ciénaga para tomar sombra en una combinación tropical. Isaías compartía sus conocimientos respecto a los cinco años de experiencia en el municipio, contento porque el sol que calienta hasta 40°, como en un juego de niños, se había escondido entre las nubes grises mientras las nubes blancas contaban para después buscarlo. No se escapó la ilusión de una deliciosa lluvia que refrescara la tierra bendita que soporta las ruedas del transporte público y alternativo que aumenta 500 pesos más en cada carrera, cada que llueve.

Sin embargo, no todo fue color de rosa, los resaltos fueron también protagonistas de la experiencia y hasta funcionan como despertador después del almuerzo cuando quieres estar en casa en la siesta de mediodía.

Es sorprendente cómo este vehículo se puede utilizar incluso como grúa, pues Isaías un día se atrevió a llevar una moto. También funciona como camión de mudanza y lo más importante; como ambulancia. “Hay horas muertas —relata Isaías— donde paseamos el pueblo para encontrar carreras. Cierto día pasaba por las calles con el fin de buscar mi sustento y de repente vi una niña convulsionando y su familia desesperada la subió al ciclotaxi. Inmediatamente cada pedaleo fue más intenso hasta que logré llevarla a la clínica más cercana. Es inolvidable, ya que es una responsabilidad como conductor no cometer imprudencias cuando las direccionales son las manos y la sirena el grito del conductor desesperado por llegar rápido donde le dieran a la niña los primeros auxilios”. Una historia que sin duda nos permite conocer la hospitalidad de los cienagueros.

Por cada trayecto en las tres ruedas te cobran desde 1500 hasta 3000 pesos por persona, y en ese precio convergen todos los estratos sociales del municipio, desde el vendedor ambulante hasta el abogado profesional.

Los puntos de encuentro para hacer carreras son las esquinas, la plaza de mercado, afuera de las clínicas, en supermercados y restaurantes. A espera de la remodelación del templete se encuentran los ciclotaxistas para pasear a sus familias los fines de semana, después de laborar llevando a los creyentes a sus casas, que salen de la misa los domingos en medio de calles invadidas por ruedas.

Las 24 horas encuentras ciclotaxis a tu disposición para llevarte a las cuatro estaciones de transporte público ubicadas en puntos estratégicos de Ciénaga. Aquí jamás te quedas “varao”. 

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