Saray García

0
488

25 años.
Desde su casa en Cazucá.

El piso de la casa de Saray es de tierra. De la misma tierra del barrio Julio Rincón en los Altos de Cazucá en Soacha, Cundinamarca. Ahí nació ella y ahí nació su hija cuando Saray apenas tenía 15 años. Ahí nació Mireya, la hermana menor de Saray, y ahí nació la hija de Mireya cuando Mireya apenas tenía 14 años. Y ahí viven ellas junto a su mamá Lis y a sus hermanos Duvier, Jose, Osman y David y “hay veces”, los dos hijos de Duvier. Desde su móvil Samsung Y5 Saray escribió cómo vive el encierro entre 9 personas – y hay veces entre 11- y tres cuartos de piso de tierra. De la misma tierra del barrio Julio Rincón de Cazucá.

MIÉRCOLES

Mi nombre es Saray García, tengo 25 años y soy mamá de una hermosa pequeña de 9. Vivo en los altos de ‘Cazuca’ en donde nacen muchas personas pero pocas se vuelven profesionales y pocos pueden encontrar una oportunidad y salir adelante. Vivo en una casa en un barrio llamado Julio Rincón con mi mamá, mi hija, mis tres hermanos menores, un hermano mayor y con mis tres sobrinos. La mitad de mi casa está hecha en bloque de cemento y la otra mitad en madera y el piso es de tierra. Cuenta con 3 alcobas y un baño.

Han pasado 21 días desde el 19 de marzo cuando por primera vez iniciaron con el aislamiento preventivo y luego el obligatorio. La situación es algo difícil, el encierro siento que me va a enloquecer ya que no se puede salir a la calle por el bien de nosotros y de nuestra familia. Mi hija no asiste al colegio y le toca tomar clases virtuales. Todo es muy raro, solo espero la noche, estoy desubicada y pienso muchas veces en romper la cuarentena y salir a desestresarme y tomar aire. Estoy sin trabajo, ya que cuando nos decretaron el aislamiento estaba en el proceso de contratación. 

A mi ya me tocó sacar lo que había ahorrado por varios meses para poder empezar a pagarme la universidad y gasté mis ahorros para que a mí familia no le faltara la comida, pues de los que vivimos en la casa sólo trabajo yo. Mis hermanos y sobrinos son menores de edad y el mayor está en el ejército; mí mamá no trabaja y quien sostenía la casa era yo pero en el momento no tengo trabajo, como lo dije anteriormente, y me tocó fue gastarme los ahorros que tenía porque se está acabando el mercado y eso me pone a pensar mucho. La verdad es que tanta pensadera en esta situación me hace doler la cabeza.

Generalmente me levanto, me ducho, me cepillo, organizo mi cuarto y le alisto la ropa a mi pequeña hija. Luego la baño, la cepillo y la arreglo. Desayunamos, repasamos un ratico, salimos al patio, entramos a la alcoba de mi hermanita, jugamos con mi sobrino de un mes de nacido, mientras mi madre cocina y arregla la cocina y el patio. Mi hija se aburre mucho porque me dice que extraña el colegio y a sus compañeros. Ella dice que quiere que Dios salve el mundo y que todos volvamos a ser como antes, poder salir a jugar y visitar a la tía y a sus primos. Luego almorzamos y vemos TV, por lo general vemos RCN o Caracol porque no tenemos parabólica. Hablamos con mi mamita y mi hermanita sobre la pandemia COVID 19, sobre cómo está el mundo, sobre todas las personas que no tienen un plato de comida, y sobre qué vamos hacer si estamos a muy poquitos días de quedarnos sin mercado.

Cuando cae la noche, mi madre nos calienta la cena y vemos en las noticias la evolución de la pandemia y de cómo está nuestro país con esta situación. Escuchamos al Presidente de la República, Iván Duque, mirando qué soluciones da para muchas familias, mientras tanto buscamos estrategias para poder ayudar a algunas personas que lo necesiten. Finalmente me voy a mi cuarto y leo un libro de psicología que se llama Psicológicamente Hablando, veo las redes sociales y me acuesto. 

JUEVES

Es un nuevo amanecer y me he despertado quizás con el estado de ánimo un poco bajo de nota, pues amanecí pensando en cómo nos cambia la vida de un día para otro. Hace poco vivíamos felices sin darnos cuenta de que salíamos a donde quisiéramos sin pedirle permiso a nadie, sin que nos pidieran cédula y queriendo hacer actividades continuas, pero hoy tengo pensamientos negativos, no me he levantado de mi cama y me pongo a pensar cómo ha sido mi vida en los 25 años que tengo. Pienso que he logrado cosas buenas, como también he tenido experiencias negativas pero que se han superado.

Recuerdo que a mis 15 años yo no tenía una proyección de vida clara y solo pensaba en jugar fútbol en la Fundación de Tiempo de Juego, pero me cambió la vida de un día para otro al enterarme que iba a ser mamá de un embarazo no deseado y que yo no lo asimilaba.

Por horas me fui a mi pasado pero gracias a Dios tengo a grandes personas en mi vida como mi mamá. Siempre he soñado con ser psicóloga, trabajadora social o administradora de empresas y menos mal pude estudiar un tecnólogo en gestión de talento humano en el SENA para hacer una homologación y ser profesional.

Eran como 11:00 am cuando me levanté de mi cama a organizar el cuarto. Me puse a  jugar con mi sobrinito de un mes de nacido, se llama Axell Samuel, y al ratico empezó a llorar entonces mejor se lo pase a mi hermana menor, Luz Mireya, para que le diera pecho. Al rato almorcé y hoy no prendí la televisión, no quería saber nada de la pandemia COVID 19. Este tema me asusta bastante, así que me encerré en mí cuarto y leí un ratico. Cuando terminé de leer, pensé en que quiero que esto acabe, quiero trabajar y no quiero que pasen más días en la casa sin hacer nada. Necesito de nuevo trabajar, recoger la plata de la universidad para no perder la homologación y seguir mi vida normal y lo más importante, llevar y recoger a mí hija del colegio. A ella quiero verla feliz y escucharla, que me cuente cómo fue su día en el colegio. En esas estaba cuando mi mamá me llamó, salí del cuarto y desde mi casa por la parte de atrás observé el CAI de la policía y las montañas llenas de casas con pañuelos rojos.  

VIERNES

Mi celular suena a las 7:00 am y al despertarme mi primer pensamiento es “gracias Dios por un nuevo día, porque hoy al fin, por unas actividades planeadas, podré salir un ratico”. Me levanto, tiendo mi cama, alisto la ropa y los tenis y cojo la toalla. Cuando salgo me visto, me caliento con una aguapanela y algo rápido de comer, pues hoy quedé de encontrarme con un amigo que se llama Jorge, que es líder social y abogado, y otro que se llama Luis y es analista político. Con ellos hemos buscado donaciones en fundaciones y con personas que quieran sumarse a la causa de ayudar, para dar alimentos a las personas afectadas. Ellos tienen un listado de casi el 100% de las personas que trabajan de el día a día o que son llamados trabajadores informales y a los cuales les vamos a entregar unos pocos mercados.  

Subimos a un carro y nos empezamos a movilizar por Soacha llegando a las casas de estas personas a darles la ayuda. Llegamos a un barrio en la Comuna 1 que se llama Soacha Compartir, en donde vemos muchas casas con trapos rojos en sus ventanas, puertas, terrazas y paredes y automáticamente pienso que son personas que necesitan una ayuda y no tienen qué comer ya que al comienzo del aislamiento el alcalde del municipio, Juan Carlos Saldarriaga, había dicho a la gente que quien necesitara una ayuda o no tuviera que comer colocara un trapo rojo en la casa para poder identificarlos y llegar a su casa.

Finalmente entramos y le entregamos la ayuda a una señora, su reacción al recibir el mercado fue ponerse llorar. Yo pensé en la dura situación que puede estar pasando y no me quedé con la duda de preguntarle si alguna persona de la Alcaldía de Soacha había ido a ayudarles. Ella llorando respondió que no y que el señor alcalde los había abandonado. Manifestó ella que se había inscrito en mil formatos de la Alcaldía y en los listados y que hasta el momento no había recibido la primera ayuda.  

Seguimos el recorrido y me encontré con historias muy similares. Sobre las 5 de la tarde me despedí de Jorge y de Luis y llegué a casa y tomé las precauciones necesarias para entrar a mi casa. Mi mami me dio un pocillo con aguapanela y me dijo que le que le contara cómo me había ido. Me puse a contarle a ella, a mi hermanita menor y a mi hija las experiencias y me puse a llorar. Les decía que como es de injusto que no tengan ni un arroz para comer ni a   nadie les ayude y que existan familias que toman bienestarina con azúcar en las mañanas y en la tarde bienestarina con sal para poder regular la digestión un poco. La verdad son situaciones que me parten el alma, yo estoy a punto de que se me acabe el mercado y vivo preocupada con qué voy hacer, pero hoy vi que hay personas que en su día a día y con hijos no tienen qué comer.

Mi hija me dijo mamita dales de lo que tenemos que Dios proveerá y no las dejes solitas y escucharla decir eso me cogió de sorpresa y solo la abracé. Me levanté y me fui para mí cuarto y empecé a mirar mi WhatsApp porque no había tenido tiempo de mirarlo, cuando por el grupo de la Secretaría de Salud de Soacha me entero de que hay 4 nuevos casos en Soacha de COVID 19 para un total de 16 casos. Esto me preocupa pero me atrevería a decir que el 90% de habitantes de Soacha están sufriendo es de hambre. 

Artículo anteriorPedro Noli
Artículo siguienteMargarita Posada

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí